Vladimir Putin and Xi Jinping at the 2015 Moscow Victory Day Parade. By Kremlin.ru, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40086320

¿Será conveniente para Europa empujar a Putin a los brazos de China?
por Roberto Savio *
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Roma, may (Other News) Los grandes medios de comunicación no mencionan el peligroso aumento de la tensión entre Europa y Rusia. Pero la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) inició la fase operativa del sistema de misiles antibalístico ABM en Rumania que, según Estados Unidos, permite protegerse de estados “rebeldes” como Irán.
Pero Rusia, y en especial tras el acuerdo alcanzado con Irán por el control de su industria atómica, está convencido de que el sistema apunta contra su fuerza militar. Estados Unidos anunció que construirá otro en Polonia en 2018. La intención es pasar de la “seguridad” de los aliados orientales de la OTAN a la “disuasión” del Kremlin.
Eso significa más efectivos y armamento, prolongados despliegues y mayores ejercicios militares, así como una presencia “persistente” de tropas estadounidenses y de la OTAN en países como Polonia y los del Báltico.
En junio, más de 12.000 soldados estadounidenses se reunirán con otros de numerosos aliados europeos en Polonia para un ejercicio militar llamado Anaconda, la mayor iniciativa de ese tipo en Europa desde hace años y que involucra a 25.000 efectivos de 24 países de la OTAN y sus aliados.
El subsecretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Work, anunció que 4.000 soldados de la OTAN, incluidos dos batallones estadounidenses, se desplegarán en la frontera con Rusia de forma permanente: “Los rusos vienen realizando ejercicios rápidos en la frontera, con numerosos efectivos y un comportamiento extraordinariamente provocador”. Alemania contribuirá con un batallón.
Durante mucho tiempo, en círculos castrenses de Estados Unidos se veía a Rusia como un régimen volcado a la agresión tras la anexión de Crimea y la intervención en Ucrania.
Cuando el general Ray Odierno se retiró como jefe del Estado Mayor declaró: “Rusia es la mayor amenaza para Estados Unidos”. Su antecesor, el general Joseph Dunford, fue más específico, pensaba que la URSS (la disuelta Unión Soviética) representaba una amenaza mayor que el Estado Islámico. Odierno mencionó que veía amenazas a Estonia, Letonia, Lituania y Ucrania.
Cabe recordar que Vladimir Putin comenzó su mandato con la misma línea de Boris Yeltsin de cooperar totalmente con Estados Unidos.
Como dijo George W. Bush: “Vi ojos dentro de Putin y por fin tenemos un fuerte aliado de los intereses de Estados Unidos”. Pero luego el mandatario estadounidense inicio numerosas acciones sin consultar, que convencieron a Rusia de que era considerada como un actor marginal.
Es obvio que Putin sufre paranoia y recurre a la confrontación para lograr el apoyo popular, pero sería inteligente ver las cosas desde el punto de vista ruso. Para empezar, es indudable que Mijaíl Gorbachov accedió a no emprender ninguna intervención militar en los países europeos que estaban bajo dominio de la URSS, si la OTAN mantenía las fronteras existentes.
El hecho de que ese compromiso no se haya mantenido siempre estuvo presente en Rusia. Cuando Ronald Reagan se reunió con Gorbachov en Reikiavik en 1986, Putin tenía unos 30 años y la URSS se desplegaba desde el río Elba al estrecho de Bering y del océano Ártico a Afganistán, y era una superpotencia presente en África, el Caribe y América Central e importantes aliados en Asia.
Cuando Putin cumplió 40 años, su país se había fragmentado en 15 estados. Y cuando llegó al poder, en 1999, la URSS había perdido la tercera parte de su territorio y la mitad de su población. Kazajistán, Tayikistán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán, Georgia y Azerbaiyán se habían ido. Y la OTAN siguió con su continua tendencia de encerrar a Rusia.
Además, tras convencer a Kiev de unirse en una unión económica encabezada por Moscú, Putin fue testigo del derrocamiento del gobierno ucraniano prorruso por un golpe militar respaldado por Estados Unidos. Y el encierro continuó al invitar incluso a países con significativa presencia militar, como Montenegro, con 3.000 soldados, a unirse a la alianza militar.
“Rusia no aceptó la oferta de colaboración”, declaró el comandante de la OTAN, general Philip Breedlove, “sino que eligió el camino de la beligerancia”.
Es impresionante que 80 por ciento de la población rusa comparta la paranoia de Putin y no vea la “oferta de colaborar”. Cuando anexó a Crimea e invadió a Ucrania, su popularidad aumentó de forma drástica en el ámbito interno.
Crimea siempre perteneció a Rusia hasta que Nikita Kruschev se la entregó a Ucrania en un gesto simbólico en 1954. Alrededor de 65 por ciento de la población crimea era ruso-parlante, al igual que los habitantes del este de Ucrania, un país creado al unirse la parte occidental de Crimea, perteneciente al Imperio austrohúngaro, con la oriental de su territorio actual, parte del Imperio ruso.
De forma hábil, Putin declaró que su tarea era proteger a “los ciudadanos rusos donde sea que vivan”, lo que tuvo eco en la población rusa.
Está claro que no hay excusas en términos legales para la acción de Putin. Pero en la vida real, siempre es útil analizar los acontecimientos teniendo en cuenta las dos partes de la historia.
El hecho es que Putin llegó a la conclusión de que Rusia era considerada en la jerga de Washington como “solo una potencia regional” y que ser admitido en el G-7 y en otros grupos de Occidente no lo acercaban a él ni a Rusia a convertirse en un actor importante y optó por el camino de la confrontación para que lo tomaran en serio.
Putin clavó un cuchillo en un costado de Occidente al volver a dividir en dos a Ucrania, lo que obligó a Occidente a volcar miles de millones de dólares a sostener un gobierno profundamente corrupto en Kiev, y recurrió a su capacidad de girar el cuchillo a su antojo.
La situación hizo que Occidente le impusiera sanciones a Rusia en 2014 con el fin de obligarla a capitular y a abandonar su intervención en Ucrania. Pero luego, Putin volvió a intervenir fuera de sus fronteras, en Siria, donde desde la época de Iósif Stalin, ese país tenía una base naval.
La llegada de Rusia cambió totalmente la situación en el territorio sirio y, ahora, todo el mundo coincide en que no puede haber una solución militar sin un acuerdo con los rusos.
¿Rusia es una “potencia regional” o un actor global?
Un principio clave de la política exterior de Washington es que, por supuesto, nadie desafía su poder. Pero es un principio cada vez menos realista como lo demuestra la ascendencia de China.
Pero en la mentalidad estadounidense, la URSS desapareció y todo intento de recrearla, bajo cualquier forma, no es más que una provocación. Y si bien Beijing no tiene ningún enfrentamiento directo con Estados Unidos, Crimea y Ucrania representaron una palmada.
Pero visto desde afuera del mundo occidental, como señalaron muchos analistas de América Latina y Asia, la situación no tiene mucho sentido.
Tomemos las sanciones, que han tenido un costo de más de 100.000 millones de dólares en exportaciones perdidas para Rusia. Pero la cifra esconde una diferencia: las exportaciones de Estados Unidos a ese país cayeron 3,5 por ciento, mientras que para Europa, la caída fue de 13 por ciento, en especial las del frágil sector agrícola (43 por ciento). Las importaciones de Rusia en Europa disminuyeron 13,5 por ciento.
Según la Comisión Europea, el PIB de la Unión Europea (UE) cayó 0,3 por ciento en 2014 y 0,4 por ciento, en 2015 por las sanciones. Es un dato considerable teniendo en cuenta que el pronóstico de crecimiento para Europa promedia 1,5 por ciento con países, como Italia, que apenas superan uno por ciento.
Mientras, se desarrolla una nueva tendencia, una vez más ignorada por los grandes medios de comunicación.
Desde 2014, Rusia profundiza su vínculo con China, con la que ha tenido relaciones tradicionalmente difíciles. El enlentecimiento económico de ese país por el cambio de un modelo económico basado en las exportaciones a otro basado en la expansión de su mercado interno, puede hacer que este no sea el mejor momento para la cooperación económica.
Sin embargo, China y Rusia suscribieron un acuerdo por 25.000 millones de dólares para incentivar los préstamos chinos a empresas rusas, entre otros. Moscú accedió a un acuerdo de 400.000 millones de dólares para suministrar 38.000 millones de metros cúbicos de gas al año a China entre 2018 y 2030.
Russia Sberbank recibió una línea de crédito de 966 millones de dólares del Banco de Desarrollo de China. Beijing lanza un fondo de inversión de 2.000 millones de dólares para proyectos agrícolas. Además, se destinarán 19.700 millones de dólares para construir vías férreas entre Moscú y la ciudad rusa de Kazan.
Por su parte, Rusia accedió a cancelar la prohibición de venta de armas a China y suscribió un acuerdo para venderle el sistema antiaéreo S-400 (una gran molestia para Estados Unidos y Japón) por 3.000 millones de dólares, y otros 2.000 millones de dólares para venderle 24 aviones de combate Su-35.
Además, ambos países declararon que aumentarían el comercio bilateral a 200.000 millones de dólares para 2020.
Pero lo que es totalmente nuevo e importante es que los dos decidieron fortalecer la cooperación militar. Este año se unirán para el ejercicio naval Joint Sea-2016, organizado por China.
El viceministro de Defensa ruso Anatoly Antonov declaró: “La cooperación militar entre ambos países es muy diversa y aumentó de forma significativa en los últimos tres años. La interacción más estrecha entre los ministerios de defensa corresponde a los intereses nacionales y esperamos que aumente”.
Eso merece una pausa y llamar a la reflexión a los europeos. ¿Le interesa a Europa empujar a Rusia a los brazos de China?
¿No será mejor por una vez optar por una iniciativa europea en vez de las prioridades de Estados Unidos? ¿No será hora de buscar un acuerdo con Rusia, que incluya a Ucrania y a Siria, terminar con la “disuasión” y optar por un status quo consensuado, que reabra el comercio y la cooperación y satisfaga el ego frustrado de la ciudadanía rusa?
Hay que reconocer que aun entre aliados, como la UE y Estados Unidos, a veces hay diferentes prioridades, sin traidores. Quizá las elecciones presidenciales en ese país cambien las reglas del juego. Con suerte la Guerra Fría se acabó...

* Roberto Savio, fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS) y publisher de Other News.

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