The Courage to be Free: uno degli avvenimenti in ricordo dell’abbattimento del muro di Berlino. Photo: Bundesregierung/Bolesch https://www.bundeskanzlerin.de/Content/EN/Artikel/2014/11_en/2014-11-09-buergerfest-mauerfall_en.html

Alemania está cosechando lo que sembró
por Roberto Savio *
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Roma,  marzo (OtherNews)- Las recientes elecciones alemanas registraron resultados conforme a las previsiones. Una nueva derecha, el partido xenófobo Alternativa para Alemania (AfD, Alternative für Deutschland)  ha surgido con fuerza e ingresará  alParlamento Federal en 2017.
Esto no tiene precedentes en la política alemana desde el fin de la segunda guerra mundial y ha sido ampliamente comentado como parte de una tendencia general que se verifica en toda Europa: el aumento de las fuerzas populistas y xenófobas.
El primer aviso se produjo con las elecciones europeas de 2004. La inestabilidad social y la crisis del euro, fomentó el inicio deuna marejada hacia la derecha. Desde entonces, en cada elección nacional se ha experimentado un cambio de equilibrio interno.
En los países nórdicos, ejemplo histórico de civismo y tolerancia, como Suecia, Noruega y Dinamarca, han cambiado su rumbo. Los Demócratas de Suecia, un partido con raíces en el movimiento neonazi, ha obligado a Estocolmo a cambiar su famosa política de puertas abiertas a los refugiados. En Dinamarca el último verano, el Partido Popular Danés obtuvo el segundo lugar. Los Verdaderos Finlandeses se convierten en la tercera fuerza en 2015, y ahora están en la coalición gubernamental de Helsinki.
La masacre de 78 personas en Noruega por el neonazi Anders Breivik, en julio de 2011, fue una suerte de anuncio del fin de la identidad política nórdica.
Desde 2004, los partidos de derecha radical nunca han dejado de crecer. Ahora están en el poder en Hungría y Polonia y hace unos días el pro nazi  Partido Popular Nuestra Eslovaquia (Slovensko Ludova Strana Naše - LSNS), entró en el parlamento de Bratislava como la cuarta fuerza política.
Y si las elecciones fueran hoy, el Partido de la Libertad, del islamofóbico  Gert Wilders, obtendría el primer lugar en Holanda. En Francia en 2015, los partidos tradicionales  debieron unir fuerzas para bloquear al Frente Nacional de Marine Le Pen y así impedirle ganar las elecciones regionales.
El peso del Partido de la Independencia Reino Unido (UKIP) ha obligado a David Cameron a llamar a un referéndum sobre Europa. En Austria, el derechista Partido de la Libertad logró 20,5% de los votos y más recientemente,  se colocó por delante delos socialistas o de los demócratas cristianos en algunas elecciones estatales, entró en un gobierno socialista en Burgenland, uno de los nueve Estados Federados del país y ganó más de 30% de los votos   en Viena. En Italia, si se suman  los votos del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, con los de la Liga Norte de Matteo Salvini, se llega a cerca de 40% de votos contrarios aEuropa.
Es evidente que la llegada de más de un millón de refugiados ha dado un fuerte impulso a todos los partidos xenófobos y la subida rápida de Alternativa para Alemania ha sido explicada como un castigo a Angela Merkel, que ha abierto las puertas a los refugiados, sin ningún tipo de consulta, ni siquiera a Francia.
Pero junto a esta explicación obvia, habría que  considerar que desde la crisis del 2009, en un corto período de tiempo, la campaña en contra de Europa desde  una plataforma nacionalista ha logrado grandes éxitos. Incluso sin los refugiados, la marea de derecha ha sido un hecho claro y evidente.
Los refugiados se han convertido sólo en un acelerador para lo que ya estaba sucediendo en todas partes.  ¿Por qué esos partidos de la derecha radical atraen a un electorado muy variado, desde los trabajadores a las amas de casa, desde los jubilados a los jóvenes estudiantes?  ¿Por qué, de repente, el sueño de una integración europea ha perdido todo apoyo popular?
Es evidente que esto implicaría un análisis complejo y largo, que no nos podemos permitir en el espacio de estas líneas. Pero me gustaría añadir un ángulo incómodo de reflexión, probablemente no políticamente correcto: la rígida intransigencia del gobierno alemán (el “Nein für Alen” , el “no a todo”, encarnado por el   Ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble), ha contribuido a la disminución del sueño europeo.
Hasta la crisis de 2009, no existieron problemas económicos y sociales graves. Entonces la crisis llega y a Europa le ha sido difícil volver al nivel anterior a la crisis (Italia todavía no). Esto significa que durante siete años, Alemania ha impuesto la austeridad como el único camino, con una lucha épica en Chipre, a continuación en Grecia y la división de Europa con una mayor brecha Norte-Sur.
Por supuesto que sería irresponsable sugerir que el sur de Europa podría haber ignorado las reglas y presupuestos. Pero convertir a la Unión Europea un guardián claramente indiferente a los bárbaros cortes en los gastos públicos, en  la asistencia social, en  los hospitales,  con el dramático desempleo juvenil emergiendo en todas partes, sin duda que no fue a mejor receta para dar una imagen atractiva de las instituciones europeas.
A Alemania se le veía una superpotencia celosa de su riqueza que hizo por su propio camino, insensible a los problemas de los otros,  sin ningún interés en la consulta y socialización.
Para el radicalismo de derecha, durante siete años de crisis fue fácil atraer a un gran número de personas que se sentían dejadas de lado, ignoradas por los partidos políticos tradicionales. Se les recordaba o imaginaba en los buenos tiempos de la soberanía nacional, identificando en los bancos y las empresas extranjeras como su enemigo, a los extranjeros, gente que les estaba robando sus puestos de trabajo (recordar la campaña británica contra el plomero polaco) y miran a Bruselas como un puñado de burócratas no electos que quieren entrometerse en sus vidas y decidir hasta la forma de los tomates.
Berlín no hizo nada para corregir esa tendencia. Transformó el déficit de los países  deudores  en  una cuestión moral y bloqueó todo intento para socializar los excedentes de su economía con los demás.
Tal vez ha llegado la hora de considerar que la intransigencia alemana tiene una cuota de responsabilidad en el crecimiento de la derecha radical y la marea nacionalista, con el mensaje de que no hay que preocuparse por los demás. La única intención es mantener su situación privilegiada. La solidaridad europea ha terminado.
Uno por uno los aliados de Alemania entraron en déficits presupuestarios, como Finlandia, Holanda, Austria, sin que Berlín siquiera se diera cuenta. La austeridad era un tabú que incluso no podía ser discutido, al igual que no es posible debatir dogmas morales o religiosos.
Lo que se dice con más frecuencia, es que se trata de un lamento proveniente del lado de los países deudores, que por lo general es lo que hacen. Pasar la responsabilidad a los acreedores, en lugar de hacer un verdadero y sincero mea culpa. Pero entonces, ¿qué sucede cuando Bruselas, el guardián de Europa, exige una responsabilidad europea a Alemania?  Indiferencia total.
El 13 de marzo, la Comisión Europea divulgó un informe sobre la situación económica, donde indicaba que España, Italia y Portugal fueron los países más frágiles por la terrible falta de crecimiento de la zona euro.
El informe específicamente destaca a Alemania, haciéndose eco de lo que ya el FMI, la OCDE y el G-20 habían venido planteando: Berlín ha hecho caso omiso de la petición de aumentar el gasto en infraestructuras usando su enorme superávit como una forma de estímulo.
En los últimos 10 años,  Alemania ha dado pasos muy tímidos en todas y cada una de las recomendaciones de la UE. No aumentó su presupuesto en educación, en investigación y desarrollo, ni ha mejorado su sistema fiscal.
Bruselas le ha estado pidiendo en vano aumentar la edad de jubilación. Se le ha recomendado que revise los tratamientos fiscales de los llamados minijobs (pequeños trabajos) para eliminar las barreras en el sector de los servicios, sin ningún tipo de reacción. Se les pidió aumentar los salarios para redistribuir el superávit del Estado, indiferencia total.
La Comisión ahora afirma claramente que el gran superávit comercial hace que Alemana sea un riesgo para el euro. Bruselas considera que Berlín no está haciendo nada en materia de reformas para aumentar su inversión pública y concluye que su enorme asincronismo presupuestario con el resto de Europa "tiene implicaciones adversas para la zona euro".
No olvidemos que  Alternativa para Alemania fue creada por un grupo de académicos que estaban contra el euro. Ellos están fuera de lugar en la actual dirección, que quiere deshacerse de la inferencia de Bruselas en la vida de los alemanes y así volver alos tiempos de la Alemania fuerte del pasado.
Es el camino de Merkel en su espléndida soledad, ayudando o debilitando el sueño europeo. No hay duda de que ella ha sido una líder nacional brillante. ¿Pero también europea?
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* Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español: www.other-news.info/noticias/ En inglés: www.other-net.info

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