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Boutros Boutros-Ghali, momento decisivo en las Naciones Unidas
Por Roberto Savio (*)
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Roma, febrero 2016 – No es casual que Boutros Boutros-Ghali (BBG) fue el único Secretario General en la historia de las Naciones Unidas que ocupó el cargo durante un sólo período, en lugar de los dos como hasta entonces había sido la tradición. Estados Unidos vetó su reelección, a pesar del voto favorable de los otros miembros del Consejo de Seguridad.
Se le consideraba demasiado independiente. Parece haberse olvidado que en 1992, a petición de Estados Unidos, él autorizó una intervención de las Naciones Unidas en Somalia, dirigida por un general estadounidense, cuyo objetivo era distribuir 90 millones de dólares de alimentos y otras ayudas a la ex colonia italiana, sacudida por un conflicto interno entre varios señores de la guerra.
La intervención costó 900 millones de dólares en gastos militares y terminó con el derribo de dos helicópteros Black Hawk y la trágica muerte de 18 soldados estadounidenses, que fueron arrastrados por las calles de Mogadiscio.
Un recurso evidente para EE.UU. fue cargar las culpas en Boutros Ghali, convirtiéndole en el chivo expiatorio durante la campaña electoral estadounidense. Bill Clinton se refirió a él durante su campaña en medio de gritos de booo booo Ghali e hizo un compromiso con la embajadora ante la ONU, Madeleine Albright, a quien convertiría en Secretaria de Estado si se libraba de él.
Como se puede ver, no es mi intención hacer una conmemoración ritual de Boutros. Él y yo viajamos en el mismo vuelo a París cuando salió de la ONU (sólo el embajador italiano fue al aeropuerto a decirle adiós ) y recuerdo la facilidad con que, cuando llegamos a la fila de la inmigración, no se fue a la cola de la UE, a pesar de que un policía le ofreció la salida diplomática. Le dijo: “Amigo mio, esos tiempos ya pasaron. Ahora soy un ciudadano como usted”. Y cuando tomamos un taxi, tuvo que discutir con el conductor, un egipcio que no quería cobrarle.
BBG no era popular en la ONU. Él era muy estricto, muy reservado. Nunca fue a ninguna recepción. Era muy distante. Era, en realidad, un profesor de derecho internacional, que era su verdadero mayor interés en la vida. A él no le gustaban muchas personas. De repente se ponía en alerta cuando encontraba a alguien con personalidad o a una persona poco común. Veía el mundo de la ONU como demasiado pomposo y formal.
Él siempre prefería un libro que un diplomático. Pero si alguien se convertía en su amigo, descubriría una mente muy irónica y divertida, con una profundidad intelectual notable y un tímido calor humano. Provenía de una histórica familia ortodoxa egipcia, que fue muy rica hasta las nacionalizaciones de Gamal Abdel Nasser. Él consideraba que debido a su familia, no podía ser condicionado por el poder. Era un Copto, casado con Leila, una judía de Egipto fuerte e inteligente. Él fue capaz de hacer una carrera hasta Secretario de Estado, manteniendo su actividad en la Universidad. Cuando fue vetado por EE.UU. para un segundo mandato, me dijo: “los americanos no quieren que usted diga que sí: ellos quieren que diga sí, señor”.
Nunca olvidó su identidad. Se refería a sí mismo como un árabe y se preguntaba si él habría tenido el mismo trato si hubiera sido blanco, americano o europeo. Simpatizaba abiertamente con los que llamó los “de abajo” y el “explotado”, e intentó hacer de las Naciones Unidas una vez más un foro de gobierno global. Hay que recordar que cuando BBG llegó a Secretario General en enero de 1992, las Naciones Unidas se encontraban al final de un largo proceso de decadencia que había comenzado en 1981, durante la administración del presidente Ronald Reagan.
Ocho años antes, en 1973, la Asamblea General de la ONU aprobó por unanimidad un plan global de gobernanza, en virtud del cual la cooperación internacional se convirtió en la base para sus acciones. Además de este plan, fue creada, por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).
Una Cumbre de Jefes de Estado incluso se llevó a cabo en Cancún, México, en 1981 para avanzar en un nuevo orden económico. Fue la primera visita al extranjero del recién elegido presidente Reagan e inmediatamente dejó claro que los días de las Naciones Unidas estaban acabados. Los Estados Unidos, dijo, no tolerarían ser raptados en un mecanismo democrático absurdo en el que su voto valía lo mismo que el de Monte Carlo (¡probablemente quiso decir Mónaco!). Los Estados Unidos se habían enriquecido gracias al comercio y su lema era “Comercio, no ayuda”. La primer ministro británica Margaret Thatcher también participó en la Cumbre de Cancún. Ella y Reagan establecieron una alianza basada en los mercados y la libre circulación de capitales para las relaciones internacionales.
Entre 1981 y 1992, el mundo cambió drásticamente. No sólo por el colapso de un mundo polarizado, con el fin de la Unión Soviética, sino porque los ganadores literalmente consideraron el fin del comunismo como un mandato para un capitalismo ahora libre de toda forma de gobernanza.
BBG no era una persona de izquierda, pero sintió cómo las grandes potencias fueron marginando a las Naciones Unidas. Finanzas y Comercio, los dos motores de la globalización, ya estaban funcionando fuera de la organización. BBG se refirió a esta tendencia basada en el interés nacional, con la preocupación de un árabe y el disgusto de un profesor de derecho internacional.
En sus inicios como Secretario General, hizo un gran esfuerzo para establecer un programa de paz, un sólido documento jurídico sobre un papel claro para las Naciones Unidas, que fue convenientemente ignorado por las grandes potencias. Luego procedió a convocar una serie de conferencias extraordinarias. Sobre el Medio Ambiente , la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, que fue el arranque de la trayectoria hacia la Conferencia del Clima de París a finales del año pasado, la Conferencia sobre Derechos Humanos en Viena en 1993, la Conferencia sobre Población de El Cairo en 1994, la Cumbre Social de Copenhague en 1995 y la Conferencia sobre la Mujer en Beijing en el mismo año.
En todas esas conferencias, Estados Unidos y las otras grandes potencias tuvieron que inclinarse de nuevo ante las reglas de la democracia internacional y aceptar las resoluciones y planes de acción que de buena gana habrían evitado.
Cuando finalmente se deshicieron de él en 1996, el declive de las Naciones Unidas reanudó su curso. Incluso, Kofi Annan, que fue elegido para suceder a BBG a petición de Madeleine Albright, con el tiempo cayó en desgracia, porque trató de mantener una cierta independencia en sus acciones.
Hoy en día, Naciones Unidas no cuenta con fondos para la acción, y se ha convertido en una solemne Cruz Roja Internacional, a la que le han dejado la educación, la salud, la alimentación, los niños y cualquier otro sector humanitario, que sea totalmente ajeno a la arena donde se juega la política, el dinero y el poder.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, fijados en el año 2000 con gran alarde de los Jefes de Estado del mundo, costarían menos de 5 por ciento de los gastos militares del mundo. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU son responsables por 82 por ciento del comercio internacional de armas y la legitimidad del Consejo para la intervención militar es una manta convenientemente utilizada según las circunstancias. Las lamentables situaciones de Irak, Siria y Libia son buenos ejemplos.
Mientras tanto, las grandes potencias no han ocultado su plan de desplazar el debate sobre la gobernanza fuera de las Naciones Unidas. El Grupo de los Siete se ha convertido en el Grupo de los 20 y el Foro Económico Mundial de Davos en un espacio más importante para el intercambio que la Asamblea General de la ONU.
BBG observó la decadencia de la ONU con pesar. Cuando se fue, ocupó posiciones que eran consistentes con sus preocupaciones. Se convirtió en Secretario General de la Organización Internacional de la Francofonía, donde nuevamente tuvo problemas con los franceses porque quería hacer alianzas con otras áreas del lenguaje latino, dada su visión no meramente lingüística, sino en general cultural del mundo que debía movilizar.
Luego se convirtió en Comisionado para los Derechos Humanos en Egipto, y no se desvió de su visión política global al convertirse en Presidente Honorario del Centro Europeo para la Paz y el Desarrollo, una organización con sede en Belgrado creada por la Asamblea General de la ONU que ha desempeñado un papel único en el fomento de la cooperación académica en todos los Balcanes y otros países de Europa oriental y central. En este centro, encontró un lugar donde sus ideales de justicia, paz, desarrollo y cooperación, seguían siendo activos y vibrantes.
BBG murió en un momento de enfrentamientos entre los fundamentalistas islámicos y los otros. Había intentado llamar la atención sobre este problema que claramente había visto que se aproximaba. Él deja un mundo en el que sus ideas e ideales se han convertido en demasiado nobles para un mundo donde el nacionalismo, la xenofobia y los conflictos se han transformado en los principales actores de las relaciones internacionales.
Ahora ha llegado el momento de mirar más a las ideas e ideales de BBG y menos como un ser humano, con sus inevitables defectos y deficiencias. También esta es la forma como a él le gustaría ser recordado. Con él, hemos vivido lo que por desgracia se ve ahora como el último gran momento de las Naciones Unidas y del derecho internacional como base para la cooperación y la acción.
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* Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español: www.other-news.info/noticias/ En inglés: www.other-net.info

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